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Shelma Huxley, importante historiadora y experta en historia del País Vasco, nieta del ilustre escritor inglés Aldous Huxley, se ha referido en varias ocasiones al Palacio de Lobiano, del que destaca su notable interés histórico.

Imagen de la réplica de un ballenero vasco expuesto en el Aquarium de Donostia-San Sebastián
Réplica de un ballenero vasco expuesto en el Aquarium de Donostia-San Sebastián

Este palacio, según afirma, es una de las joyas renacentistas del siglo XVI dentro del País Vasco y demuestra la importancia de pueblos como Ermua en la aportación del capital necesario para la construcción de barcos durante la “Carrera de las Indias”. Esta teoría echa por tierra la idea de que el capital provenía única y exclusivamente de los pueblos costeros.

Del estudio de algunos documentos del siglo XVI se desprende, según Shelma Huxley, que el primer dueño del palacio de Lobiano fue uno de los personajes más importantes durante el siglo XVI en el País Vasco.

Lobiano fue un armador de barcos que participó en la carrera comercial que se estableció con el Nuevo Mundo tras el descubrimiento de Colón y que se conoce como la “Carrera de las Indias”. La actividad mercantil de Lobiano se basaba en la compra de mineral de hierro en Bilbao. Este era embarcado en su nave rumbo al puerto de Sevilla, que era el punto principal del comercio con las Indias.

Allí con el dinero obtenido con la venta del mineral, compraba sal y partía de nuevo con rumbo a Terranova (Canadá) donde, con la sal comprada en Sevilla, salaban el bacalao que pescaban. Tras varios meses en Terranova, volvían a Bizkaia a vender el bacalao.

Imagen de los escudos de Lobiano labrados en la puerta del Palacio Lobiano

Este tipo de operación fue realizada en innumerables ocasiones y se dan anécdotas como la de un grupo de marineros que no querían ir a Sevilla si Lobiano no les llevaba luego a Terranova. Parece ser que Lobiano no tenía más de un barco al mismo tiempo y, cuando éste se hacía viejo, lo vendía en Sevilla y compraba otro nuevo.

Sobre la huella que la estancia de los marineros vascos dejó en tierras canadienses, la historiadora comenta que hoy, todavía, se encuentran en numerosas playas de la costa este del Canadá restos de tejas de las casas construidas en aquella época.

Este material era desconocido por las primitivas tribus indias que poblaban ese país y su aparición se debe a los marinos vascos.


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